Atraco dos
Sábado, Septiembre 19th, 2009-Señorita, me tiene usted hasta las narices. Es usted una de las personas más ineptas que he conocido nunca. Su mirada segura y confiada sólo es una fachada, qué duda. Usted, como empleada de este banco, tiene la obligación de hacer las cosas como yo ordene que se hagan. Sin más. Si yo le digo que sonría, sonríe. Si yo le digo que llore, llora. ¿Cómo ha tenido la desfachatez de mandar un correo a la dirección general afirmando que “mi jefe me pide que lleve blusas anchas para que se me vea el escote”. ¡Por supuesto que se lo pido! Usted es una mujer y, como tal, tiene que cumplir con su función de hacer agradable la estancia a los clientes y, claro, a mí. Cuando le diga ‘ahora’, va a ir al ordenador, escribirá otro correo diciendo que ha sido todo una confusión y luego, irá al cuarto de baño a sacarle partido a ese cuerpo con el que Dios le bendijo, ¿entendido? ¿Por qué lo va a hacer? Porque como no lo haga le mandaré a caja durante tres meses para, después, despedirla y echarla a la calle, donde deben estan las mujeres de su calaña. Bien, -señala con el dedo el despacho de la señorita- ‘ahora’.
-Váyase a la mierda, come pollas -el jefe levanta sus dos graciosas cejas blancas, indignado-.
- Señorita, un cliente le espera en caja. Ha firmado su sentencia.
-Veremos.

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